martes, 20 de febrero de 2018

BEATRICE



BEATRICE

                                                                                                                            Un segundo antes


“Era un cerdo y una perla, hachís y brandy, ferocidad y glotonería.”
Beatrice Hastings (1879 – 1943)



Un segundo antes morir

pensé en Montparnasse,

en el amor y su ruido

empapado en saliva y brandy.

Pensé en los cerdos y en las perlas.

Pensé que yo era una perla

en un mundo de cerdos.

Que los hombres

me habían amputado la voz

y que nadie me recordaría

por mis palabras.

Que mi cara de tela

envuelta en la tapicería del abandono

sería la única eternidad.



Un segundo antes de morir

pensé en Montparnasse

y me vi

como la obra de arte definitiva:

una mujer con la cabeza dentro del horno

y el cáncer

floreciéndole en las tetas.





Arte: "Retrato de Beatrice Hastings", Amedeo Modigliani

sábado, 17 de febrero de 2018

MARINA



MARINA

                                                                                                           Con una cuerda


"…quizá la mejor victoria sea (…)
 pasar sin dejar huellas,
pasar sin dejar sombras
en las paredes…".
Marina Tsvietáieva (1892 – 1941)



Yo soy  la novia del destierro,

la novia del castigo,

la novia de los vagones de la niebla.

Tengo un cigarrillo en la mano.

una melena de humo,

una mordida de tigresa inválida.

Tengo una hija muerta

doliéndome en el hambre.



A mil gritos de mi casa

la tierra

canta una canción de pertenencia.

Pero mi corazón desafina

en la liturgia de esa lengua de leche.

Soy una osa polar

con una cuerda en la mano.



Con una cuerda en el cuello.

Y basta.




Arte: Marina Tsvetaeva,  Zhuravleva Svetlana


miércoles, 14 de febrero de 2018

KARIN

Saint Karin Boye via eplets shop. Elin Sandström. Click on the image to see more!

KARIN

                                                                Duele

“Bienaventurado aquel a quien su claro espectro
espera con luces en la fiesta de la muerte.”
Karim Boye (1900 – 1941)



Por supuesto que duele.

Por supuesto que duele brotar,

reverdecer,

asumir el rumor de las flores

abriéndose paso

por el largo túnel de las piernas.

Por supuesto que duele arder,

enhebrarse una y otra vez

en la aguja del amor

y coser palabras que nombren

el ajetreo de la primavera.



Fui una nave de conquista

en océanos de vidrio.

La amante de los desposeídos

y los bohemios.

Pero no tuve la bendición

de un corazón mudo.

Sangré canciones

 en mi debilidad

de cierva errante.



Por supuesto que duele.

Vivir duele.



Pero la Muerte es una fiesta

y estas píldoras

son mis mejores galas.




Arte: "Saint Karin Boye", Elin Sandström


domingo, 11 de febrero de 2018

VIRGINIA



VIRGINIA

Soliloquio

"La vida es sueño; el despertar es lo que nos mata."
Virginia Woolf (1882 – 1941)


Pudimos construir puentes
sobre los abismos.

Pudimos construir puentes
sobre esas manos sucias en mis nalgas.
En ese tiempo corrompido
yo no podía comer,
no debía comer,
no quería que el olor a sangre entre mis piernas
despertara a las bestias.
Me daba náuseas mirarme al espejo.
Quemé todos mis vestidos.

Pudimos construir puentes
sobre la extinción de las cosas amadas.
Sobre la cicatriz de voces
que volvía a ser herida cada noche
y se viciaba
con el veneno de la vigilia.
En tu lumbre mi cuello de cisne
fue algo más que un largo guante blanco.
para atesorar el grito.
Mi voz floreció.

Pero los puentes se desmoronaron.
Fue el Blitz, fui yo,
fue esa oruga voraz llamada vida
comiéndome los párpados.
Soy un error.
Un equipaje que es necesario soltar
para salvarse.

Para mi soliloquio de agua  y piedras
elegí
el lugar de tus llagas.


Arte: "Virgina Woolf", Mathieu Laca

jueves, 8 de febrero de 2018

ANTONIA



ANTONIA

                                                                                                          Verso en riesgo


“Alguien llorará
quien sabe dónde – quien sabe dónde
alguien buscará el crisantemo
para mí
en el mundo cuando deba marcharme sin retorno.”
Antonia Pozzi (1912 – 1938)



Como intuía el sol intuía la guerra,
algo muerto y enorme  que se acercaba
vomitando lejos de mí a los amigos judíos,
y veía caer los pájaros en los campos de batalla,
sentía su peso,
la imposibilidad de las alas.
Veía el punto final de amapolas
y después del punto final, la sangre
siguiendo su camino sedicioso,
y los amigos judíos que no volvían.
Intuía, también,
que el amor
era poco más que un verso en riesgo
y unos labios mezquinos.

Dejé el cuerpo en el patio del invierno
vacío de mí,
un hueco para rellenar con crisantemos,
y él creyó
que había vuelto al pueblo o a la cama,
y se dio permiso para olvidarme.


Arte: "Antonia Pozzi", Fría Aguilar

lunes, 5 de febrero de 2018

ALFONSINA




ALFONSINA

                                                                                                              El zapato

“Oh mar, enorme mar, corazón fiero 
de ritmo desigual, corazón malo, 
yo soy más blanda que ese pobre palo 
que se pudre en tus ondas prisionero. “
Alfonsina Storni (1892 – 1938)



No sé por qué nadie habla del zapato.

Un zapato viudo es un epílogo

tan bueno como cualquier otro.



No sé por qué nadie habla

de mi cara de ratoncito mustio

cosida al  horror con puntadas de viento,

del diente de la sal royendo mis pulmones,

de mi faringe rota carraspeando

una soborno de algas.



No sé por qué nadie habla

del ardor en el pecho,

de la carne buscando hacer

la voluntad de la vida:

orinar, vomitar, salir a flote.

Declinar el naufragio.



No sé por qué me inventaron

un ruedo vaporoso,

una huella en la arena,

un nudo de corales en el pelo.

No sé por qué le colgaron

un cairel de sirenas

al desgarro de octubre.



No sé por qué nadie habla del zapato.



No sé por qué nadie dice

que tenía frío,

que tenía miedo,

que tenía cáncer.




Arte: "Alfonsina Storni", Fría Aguilar



viernes, 2 de febrero de 2018

LA SIRENITA


LA SIRENITA

Una cárcel

“Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo.”
Miguel Hernández



 El mar era una cárcel

y el amor
rompió todos los cerrojos del agua.
La voz,
tan líquida como los peces
que le lavaban la boca,
se escurrió entre las piernas nuevas.

Con nudos en la lengua,
con los labios detenidos
en la silueta inasible del beso,
caminando espejos rotos
y estrellas de cinco aguijones,
caminando arañas de cristal
y eclipses de sangre,
ella fue un brote de silencio
en la garganta de un mundo
que también la vistió de candados. 

La tierra era una cárcel
y el amor
extravió la ruta de las llaves.
Ella no tuvo tiempo para aprender
la curva migratoria de los pájaros.
Dibujó en sus ojos las coordenadas del llanto
y se deshizo en la muerte,
fugaz,
como un pequeño escalofrío de espuma. 


Arte: "Die kleine Meerjungfrau", Wanda Zeigner-Ebel